Esta vieja angustia,
Esta angustia que traigo hace siglos en mí,
Derramó el vaso,
En lágrimas, en grandes imaginaciones,
En sueños al estilo de pesadilla sin terror,
En grandes emociones súbitas sin sentido.
Derramó.
Apenas sé cómo conducirme en la vida
¡Con este malestar haciendo dobleces en el alma!
¡Si al menos enloqueciera de veras!
Pero no: es este estar entre,
Este casi
Este poder ser que...
Esto.
Un interno en un manicomio es, al menos, alguien,
Yo soy un interno en un manicomio sin manicomio.
Estoy loco en frío
Estoy lúcido y loco,
Estoy ajeno a todo e igual a todos:
Estoy durmiendo despierto con sueños que son locura
Porque no son sueños.
Estoy así...
¡Pobre vieja casa de mi infancia perdida!
¡Quién te diría que yo me desapegara tanto!
¿Qué es de tu niño? Está loco.
¿Qué es de quien dormía sosegado bajo tu techo provinciano?
Está loco.
¿Qué de quién fui? Está loco. Hoy es quien soy yo.
¡Si al menos tuviera una religión cualquiera!
Por ejemplo, por aquel fetiche
Que había en casa, allá en aquella, traído de África.
Era feísimo, era grotesco,
Pero había en él la divinidad de todo en lo que se cree.
Si yo pudiera creer en un fetiche cualquiera-
Júpiter, Jehová, la Humanidad-
Cualquiera serviría,
Pues ¿qué es todo sino lo que pensamos de todo?
¡Estalla, corazón de vidrio pintado!
16/6/1934
Álvaro de Campos
Traducción de Mario Bojórquez



